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Opinión

El Mundo, 8 de octubre de 2011

"Un mundo ordenado", por Arcadi Espada

Steve Jobs prohibió la pornografía en las aplicaciones del iPhone: «Que compren Android», zumbó. Otra vez contestó así: «Nosotros no vendemos basura. La diferencia con nuestra competencia es que nosotros no ofrecemos productos pelados y piojosos». Mucho antes, en 1986, dijo: «Cuando eres joven, ves la televisión y piensas: hay una conspiración. Las cadenas han conspirado para bajar nuestro nivel. Pero cuando te haces un poco más mayor, te das cuenta de que no es verdad. Las cadenas están en el negocio para dar a la gente exactamente lo que quiere». La idea reaparecía en todo su esplendor en una entrevista posterior: «No es tarea de los consumidores el saber lo que quieren». Aunque bien es verdad que en Playboy aún había algo más antiguo y contundente: «No fabricamos el Mac para los demás. Lo construimos para nosotros mismos. Fuimos el grupo de personas que juzgarían si era grande o no. No íbamos a hacer investigación de mercado. Simplemente construimos lo mejor que podíamos construir». Y esto último, de hace un año, cuando las presentaciones del iPad: «No quiero ver cómo descendemos a una nación de blogueros. Necesitamos el criterio editorial más que nunca».

8 de octubre de 2011

«Citas de autoridad, estarás de acuerdo. En un amplio sentido. Porque son palabras de Jobs, y sabía de lo que hablaba. Porque se pronunciaron a lo largo de un largo lapso de tiempo y, en consecuencia, no son marginales en su pensamiento. Y porque trazan una de las principales características de su trabajo: la autoridad. Te las he puesto al principio por razones puramente higiénicas. Cuando se muere alguien valioso y popular lo primero que hay que hacer es limpiar el cadáver y así enterrarlo en condiciones. En pocas horas ha caído una exuberante cantidad de baba sobre Jobs. Y lo más llamativo es que entre los babosos figuran muchos parásitos business, es decir, militantes de la fea fratría contra la que Jobs luchó, y cuya desvergüenza, también estética, les alienta a poner sus sucias manos sobre».

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«De las citas de autoridad se deriva una conclusión irrevocable: Jobs ordenó el mundo. La homofonía del español permite vincular felizmente el ordenador con el orden y la orden. Orden fue su lexema. Y toda su belleza. Cuando Apple organizó iTunes salvó el negocio de la música a fuerza de orden. Yo es que soy muy rico, como sabes bien, pero habría pagado el doble para poder descargar música sin tener que sufrir el lapo estético de las páginas piratas. Todas esas páginas diseñadas con el rasgo feísta de la adolescencia: copión, gritón y ladrón. La juventud es inevitable. Como son inevitables los que viven de ella: proxenetas, traficantes de drogas o parásitos business. El entorno digital tiende, a base de vocerío, a confundirse con la juventud. Por fortuna, hubo un Jobs que limitó los daños. Apple es una cosmovisión diseñada por la autoridad y el mérito. Radicalmente enfrentada al asamblearismo pueril de los autollamados internautas, en el que conviven, por cierto, plebeyos izquierdistas y aristócratas liberales, todos unidos por una mágica visión del pueblo soberano: una posmoderna nación de blogueros a la que sólo falta añadir los nacionalistas».

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