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Opinión

Con permiso
Letras Libres, enero de 2012
Ramón González Férriz

"El timeline y el mundo"

«[…] Sin embargo, eso es la democracia, por feo que resulte: los esfuerzos del legislador por beneficiar a la mayoría aunque haya perdedores. No estoy del todo seguro de que la Ley Sinde beneficie a la mayoría, pero me parece que algunos de los derrotados -por ejemplo, los que consumen sistemáticamente cine, series o música sin pagar a sus creadores y alimentando solamente a intermediarios parásitos- merecen perder. Pero eso no es un drama. Es solo democracia en acción. Excepto, claro, para quienes confunden el timeline de su Twitter con la democracia, los trending topics con la hegemonía y, bueno, sus intereses con los de todo el mundo».

10 de enero de 2012

«Uno de los recursos más habituales en la discusión política consiste en afirmar que nosotros defendemos ideales y nuestros adversarios solamente intereses. No suele ser verdad: todo aquel que se haya detenido a pensar un poco en sus propias ideas se habrá dado cuenta de que, en la mayoría de casos, estas están muy vinculadas a sus intereses. Esto no es grave: la democracia es un combate entre visiones del bien, pero también una manera ordenada de transaccionar entre intereses contrapuestos».

[…]

«Sería de esperar, sin embargo, que todo adulto que se pone a discutir sobre asuntos públicos recordara que todos nos hallamos en esa misma situación. Pero esto no sucede. No en España. Aquí todo el mundo parece afirmar que habla desde la pureza desinteresada al pedir algo. Y a todo aquel que se le opone no lo considera alguien, simplemente, con ideas e intereses contrarios, sino parte de un lobby.

El último caso ha sido el de la Ley Sinde. Las asociaciones de gestión de los derechos de autor y muchos escritores, compositores y editores han sido partidarios de ella y, efectivamente, han presionado a los legisladores para que la aprobaran. Han mostrado ideas -la creatividad no estaría incentivada si no es remunerada, la percepción de la cultura como algo que debe ser gratuito es errónea en sí misma- y, por una vez, no han ocultado sus intereses: sí, viven de los derechos de autor y la propiedad intelectual, y un sistema legal que no protegiera ambas cosas acabaría con su forma de vida y tendría malas consecuencias para la sociedad en general. Pese a algunas dudas, tiendo a estar de acuerdo con esta postura -aunque, en muchos casos, sus defensores la han presentado con una increíble falta de inteligencia-, y además me ha parecido que la participación de sus defensores en el debate ha sido limpia: aquí, nuestras ideas; aquí, nuestros intereses: pedimos a la sociedad y a los políticos que nos atiendan.

Muchos de los detractores de la ley, sin embargo, se han presentado adánicamente: “No, nosotros no tenemos intereses aquí -parecían decir muchos de ellos-. Solo estamos defendiendo la verdad.” Lo cierto es que el conflicto no es más que una disputa entre dos grupos de ciudadanos democráticamente enfrentados que buscaban amparo legal, pero ellos han querido que pareciera una lucha entre el pueblo -ellos- y los taimados artistas».

[…]

Puedes leer el texto completo aquí.

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