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Reportaje

¿Por qué se prescinde del rigor al informar de propiedad intelectual?

“Matar al perro de tu novia tirándolo por la ventana es legal”

La falta de rigor y veracidad tanto en anuncios publicitarios como en algunas noticias es preocupante: la prensa está contribuyendo a la desinformación de los ciudadanos respecto a lo que significa respetar la propiedad intelectual. Y en muchos casos, sorprendentemente, tirando piedras a su propio tejado. A la cuestión debería dedicarse un estudio pormenorizado: sirvan de ejemplo algunas perlas, publicadas durante el último mes, que muestran el diferente enfoque que dan los medios de lo que es “gratis” o de lo que es “legal” en función del asunto tratado.

Lunes, 12 de marzo de 2012 | 18:16

Amazon está insertando esta semana el siguiente anuncio en varios periódicos españoles:

El destacado resulta sorprendente, no solamente porque su falsedad es evidente sino también porque abundan los datos que confirman justo lo contrario. Si fuera denunciado como publicidad engañosa, el anuncio probablemente no superaría el dictamen de Autocontrol, la entidad que supervisa que la publicidad respete “un código ético basado en los principios básicos de veracidad, legalidad, honestidad y lealtad de las comunicaciones comerciales”. Pero quizá a Amazon le convenga correr el riesgo con tal de transmitir al consumidor la idea de que ese millón de libros los obtendrá completamente gratis. Porque ese es aunque sea falso un mensaje potente, especialmente en esta coyuntura económica. Al consumidor, en cualquier caso, le convendría leer las condiciones del servicio, que entre otras cuestiones aclaran: “[…] Algunos de los títulos de terceros que se listan abajo pueden estar sujetos a copyright aunque en Estados Unidos se consideren de dominio público. Puedes descargar estos libros si obtienes primero permiso del dueño de los derechos de copyright”.

“Las opciones de ver cine gratis en la red se han reducido bastante”
El tratamiento ambiguo de “lo gratis” no se limita a la publicidad. El diario El País comenzó a publicar el pasado domingo una serie de reportajes titulada “Nimileuristas”. En el capítulo de este lunes, “Vivir con menos de mil euros”, se detalla una larga serie de opciones para obtener productos o servicios más baratos o gratis: “conciertos gratuitos”, “exposiciones con entrada libre”, sitios web como Groupon o Groupalia que ofrecen cupones canjeables “en restaurantes o centros de belleza”, sitios web especializados en “venta de segunda mano”, “páginas de trueque”, estar “abonados a las marcas blancas” y llenar el carrito hasta en tres supermercados distintos “para aprovechar las mejores ofertas de cada uno”… Incluso “microteatro por dinero”, que permite “ver una obra de 15 minutos por cuatro euros o cinco micropiezas seguidas por 20”.

Todas esas opciones son legales y moralmente intachables. Como lamentablemente suele ser habitual, la única excepción tiene que ver con los contenidos protegidos por derechos de propiedad intelectual: “A Coruña, ciudad en la que reside, es, junto a Oviedo y Albacete, la ciudad con la entrada de cine más cara: 7,50 euros de media. “Hay que recortar y hemos elegido. Preferimos ver pelis por Internet”, señala la joven. Sin embargo, las opciones de ver cine gratis en la red se han reducido bastante tras el cierre de servicios como Megaupload”.

Que entrevistada y entrevistadora asocien con toda naturalidad “ver cine gratis en la red en servicios como Megaupload” con las demás opciones sugeridas (incluyendo “ver una obra de 15 minutos por cuatro euros o cinco micropiezas seguidas por 20”)  probablemente tenga algo que ver, entre muchas otras causas, tanto con esa sensación de impunidad de la que goza cualquier persona que (gracias al anonimato que brinda internet) no necesita ningún cupón de descuento para disfrutar gratis de una película ilegalmente subida a la red (porque sabe que no habrá consecuencias) como con algunos mensajes que difunden los periódicos.

Cinetube no es legal
“Gaizka Gonzalo, de Cinetube, reconoce que gana suficiente para poder vivir de lo que saca con la publicidad pero deja claro que no es, ni muchos menos, una cifra tan alta como están diciendo desde la industria”, detallaba La Sexta cuando entrevistó al responsable de dicho sitio web, cuya principal actividad consiste en brindar acceso gratuito a contenidos protegidos subidos ilegalmente. Que su actividad es ilegal aunque no sea un delito es evidente. Y que además es inmoral es algo que el propio Gaizka Gonzalo reconoce durante la entrevista, aunque inmediatamente añada titubeando algunos matices.

Hace justo un mes, la prensa española se hacía eco de la sentencia de la Audiencia Provincial de Álava que acordaba el sobreseimiento libre de las actuaciones en el caso Cinetube. Con la excepción del diario El País (que en esta ocasión, titulando “Otra sentencia exculpa a una web de enlaces”, fue el más riguroso), los periódicos titularon “La Audiencia de Álava confirma que enlazar a descargas o a ‘streaming’ es legal” (El Mundo), “La Justicia declara legal la web de enlaces Cinetube” (ABC) o “Cinetube es legal, según la Audiencia Provincial de Álava” (La Vanguardia). Rápidamente se extendió por toda la red una idea: “cinetube es legal”.

La Audiencia Provincial de Álava sentenció que Gaizka Gonzalo no había cometido ningún delito. Sería de gran interés estudiar el proceso que dio lugar a tanto titular falso en el camino que va desde lo que dice la sentencia -que Bufet Almeida publicó en su sitio web- hasta lo que los periódicos han dicho que dice. Sobre todo porque, según parece, esa particular forma de titular solo afecta a algunos periodistas y solo cuando informan sobre propiedad intelectual. Si se hubiera popularizado entre los profesionales que cubren otros asuntos quizá nos hubiéramos encontrado, solo diez días después de leer que “Cinetube es legal”, con el titular “Matar al perro de tu novia tirándolo por la ventana es legal” encabezando la siguiente noticia:

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