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Destacamos

La Mirilla, 2 de marzo
Lorenzo Silva

Parásitos (las cosas por su nombre)

«Parásitos propone un sugestivo viaje al corazón del debate sobre la protección de la propiedad intelectual y sobre la viabilidad real de la llamada ‘cultura libre’, incluidos sus más conspicuos subproductos: la piratería y el ‘todo gratis’. Y acierta en varios sentidos. En primer lugar, al poner en el frontispicio la idea de que se trata de derechos fundamentales igualmente legítimos y protegibles, ayudando por cierto a deshacer ciertos equívocos interesados, como la a menudo espuria alegación de la libertad de expresión».

4 de marzo de 2013

[…]

De nuevo recurre Levine a la cita de otra juez del Supremo norteamericano, Sandra Day O`Connor (qué envidia, por cierto, le produce a un habitante de la selva hispana, donde las sentencias son galimatías abstrusos, leer a jueces así). Como ponente de otro fallo del Tribunal, argumentó esta juez: “Los Padres Fundadores pretendían que el mismo copyright fuese el motor de la libertad de expresión. Estableciendo un derecho comercial sobre el uso de la propia expresión, los derechos de autor proporcionan el incentivo para crear y difundir”. Y apunta Levine un dato que no deja de tener su peso: los países con mayor y mejor protección de la libertad de expresión no son, precisamente, los que menos protegen el copyright. Más bien resulta ser todo lo contrario.

Frente a estos sencillos y diáfanos razonamientos, muchos de los argumentos que propugnan de forma más o menos descarada la abolición de facto del copyright son una mezcla de medias verdades y de aplicación de la política de hechos consumados. Sus autores, como el libro detalla con encomiable precisión, son en buena medida académicos excelentemente remunerados en instituciones tan propiciadoras de la cultura accesible a todos los pobres del mundo como las elitistas Harvard o Stanford, y que actúan desde institutos y lobbies a los que los grandes empresarios interesados en el acceso ilimitado a la información de producción ajena financian con donaciones que se cuentan en millones de dólares. Esos argumentos, que Levine desgrana con una honestidad intelectual superior a la que suelen exhibir estos ideólogos (esto es, reconociéndoles sus puntos de razón y sin privarse de exponer las inconsistencias y errores de los defensores del copyright), son el pasto donde se alimentan muchos de los que luego tratan de dirigir el debate a este lado del océano, incluso en el Parlamento Europeo. Para prueba, este documento del Partido Pirata cuya indigencia teórica brilla en todo su esplendor en las páginas 6 y 7, donde aborda el espinoso punto de las propuestas de acción para sustituir el perverso modelo actual por otro: “A nosotros no nos toca proponer nada. Que la industria encuentre un modelo que le permita sobrevivir a la abolición de los derechos vigentes hasta aquí”, viene a decir.

[…]

Puedes leer el texto completo de Lorenzo Silva haciendo clic aquí.

2 comentarios

  1. miércoles, 17 de abril de 2013 | 20:46anonimo

    Es curioso que esto se publique aquí en esta página que se encuentra en este servidor…

    El servidor es de codigo abierto (Apache).

    La página está realizada en WordPress, que es de código abierto….

    Que cinismo verdad?

  2. viernes, 19 de abril de 2013 | 11:12Javier

    Utilizar herramientas de código abierto implica respetar la forma en que sus creadores han decidido que pueden usarse. Exactamente eso es lo que no hacen los parásitos cuando utilizan contenidos sin respetar la forma en que sus creadores han decidido que pueden usarse.

    ¿Cinismo? ¿Por qué no miras en un diccionario lo que significa una palabra antes de usarla? Al menos para no hacer el ridículo aunque sea anónimamente. ¿O es que te refieres a la escuela de los discípulos de Sócrates?

    Lo siento, neng, pero imitando a los gurús del software libre que interesadamente mezclan churras con merinas no logras disimular tu indigencia intelectual.

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