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Opinión

Copyhype, 13 de junio
Terry Hart

Redefiniendo la "cultura libre"

“Que el derecho de autor esté sobre la mesa no es una condición necesaria para la creación de obras expresivas, seguramente seguiremos teniendo escritores y artistas sin estos derechos. Pero el derecho de autor permite un tipo de creatividad que es independiente del gobierno, tanto si su patrocinio es benigno como si es “parte de las agencias de propaganda por las cuales una dictadura se mantiene en el poder”, e independiente de los caprichos de la élite rica, que es lo que se puede encontrar en un sistema de mecenazgo”.

14 de Junio de 2013

En el prólogo de su libro de 2004, Free Culture, Lawrence Lessig escribe:

Una cultura libre apoya y protege a los creadores e innovadores. Esto lo hace directamente concediendo derechos de propiedad intelectual. Pero lo hace también indirectamente limitando el alcance de estos derechos, para garantizar que los creadores que vendrán después y los innovadores mantengan tanta libertad como sea posible del control del pasado. Una cultura libre no es una cultura sin propiedad, al igual que el libre mercado no es un mercado en el que todo es gratis. Lo opuesto a una cultura libre es una “cultura del permiso”, una cultura en la cual los creadores logran crear solamente con el permiso de los poderosos o de los creadores del pasado“.

Lessig comienza bastante bien con su observación de que los derechos de propiedad intelectual son parte de una cultura libre, pero las cosas van rápidamente cuesta abajo después de eso, y el resto del libro no hace nada para corregir ese descenso.

Aunque Lessig no fue el primero en utilizar el término “cultura libre” como una antítesis a las “demasiado restrictivas” leyes de derechos de autor, jugó un papel importante en el desarrollo y la popularización del concepto.

El problema con esta descripción de una “cultura libre” es que se plantea como algo opuesto a la “cultura del permiso”. Esto no podría estar más equivocado. Permiso, o consentimiento, no es lo opuesto a la libertad, es una parte necesaria de la libertad.

En la filosofía occidental, al menos, el consentimiento es considerado como uno de los fundamentos de una sociedad democrática (1). No sólo la legítima autoridad deriva únicamente del “consentimiento de los gobernados”, sino que uno de los fines del gobierno es la preservación de la propiedad -que, en esencia, es un marco para la organización de consentimiento. Como escribió John Locke:

Los hombres por lo tanto en sociedad tienen propiedades, tienen ese derecho a los bienes, que por la ley de la comunidad son suyos, y nadie tiene derecho a tomar la sustancia o una parte de ellos sin su consentimiento: sin esto no tienen realmente propiedad, porque yo no tengo realmente ningún bien cuando otro puede tomarlo, cuando él quiera, contra mi consentimiento“.

Además, la propiedad ha sido tradicionalmente considerada como parte esencial del mantenimiento de un libre sociedad (2). Como se escribió una vez: “Que el pueblo tenga la propiedad, y tendrán el poder; un poder que para siempre se ejercerá para evitar una restricción de la prensa, y la abolición del juicio por jurados, o la limitación de cualquier otro privilegio“.

La concepción de una “cultura libre” de Lessig es fatalmente defectuosa. Lo contrario de consentimiento, de permiso, no es la libertad, sino la fuerza. La libertad requiere el consentimiento, la propiedad se basa en el consentimiento, y ambas están entrelazadas inseparablemente.

Esto es tan cierto si estamos hablando de la clase de propiedad que rige los elementos tangibles como de la clase de propiedad intelectual que rige los elementos intelectuales.

Yo diría que la naturaleza de las obras protegidas por derechos de autor -expresiva, cultural, científica, etc – las hace más, no menos, importante para que encajen en ese paradigma libertad/propiedad. Porque además de la libertad y la realización personal los creadores ganan cuando son capaces de cosechar lo que ha sembrado su trabajo, las obras que crean enriquecen al público en general, lo que hace que la propia sociedad prospere.

Que todo eso es necesario para que exista una verdadera cultura libre fue recientemente reconocido por un tribunal federal:

Parafraseando a James Madison, el mundo está en deuda con la prensa por los triunfos que han sido adquiridos por la razón y la humanidad sobre el error y la opresión. Investigar y escribir sobre los eventos de interés que se producen en todo el mundo es una tarea costosa y el cumplimiento de las leyes de derecho de autor permite a AP para ganar los ingresos que financian ese trabajo. Permitir a Meltwater recuperar el fruto del trabajo de AP para su propio beneficio sin ninguna compensación a AP afecta la capacidad de la agencia para llevar adelante su función esencial para la democracia” [negrita añadida].

El papel del periodismo en la promoción de la democracia puede ser algo obvio, pero las bellas artes también juegan su papel.

No ha sido habitual incluir las artes, las bellas artes, como una parte importante de las condiciones sociales que conducen a las instituciones democráticas y a la libertad personal. A pesar de que la influencia del estado de la industria y de la ciencia natural ha sido admitido, todavía tendemos a trazar la línea antes de aceptar que la literatura, la música, la pintura, el teatro, la arquitectura, tienen una conexión íntima con las bases culturales de la democracia. Incluso aquellos que se llaman a sí mismos buenos demócratas a menudo miran a los frutos de estas artes como adornos de la cultura y no como cosas en cuyo disfrute todos deben participar, si la democracia ha de ser una realidad. El estado de las cosas en los países totalitarios puede inducirnos a revisar esta opinión. Porque demuestra que no importan los impulsos y los poderes que conducen al artista creativo a hacer su trabajo, una vez las obras de arte han sido creadas son más convincentes que los medios de comunicación para agitar emociones y formar opiniones. El teatro, el cine y la música, incluso las fotos, la elocuencia, los desfiles populares, los deportes comunes y agencias de entretenimiento, todos se han puesto bajo la regulación de las agencias de propaganda con las que la dictadura se mantiene en el poder sin ser considerada opresiva por las masas. Estamos empezando a darnos cuenta de que las emociones y la imaginación son más potentes en la formación de opinión pública que la información y la razón” (4).

Que el derecho de autor esté sobre la mesa no es una condición necesaria para la creación de obras expresivas, seguramente seguiremos teniendo escritores y artistas sin estos derechos. Pero el derecho de autor permite un tipo de creatividad que es independiente del gobierno, tanto si su patrocinio es benigno como si es “parte de las agencias de propaganda por las cuales la dictadura se mantiene en el poder”, e independiente de los caprichos de la élite rica, que es lo que se puede encontrar en un sistema de mecenazgo. Es la libertad para crear de forma independiente, facilitada por los derechos de autor, la que ha sido reconocida como esencial para una prensa libre, una sociedad libre y una cultura libre.

Sólo unos pocos ejemplos de una gran variedad de fuentes en los últimos dos siglos que hablan de este reconocimiento incluyen…

… este pasaje de un artículo de revista en 1844:

Si el público desea una prensa realmente libre, no deben mirarla como fuente de impuestos, y si están ansiosos de verdad, de sentimientos elevados y elevadores, de ideas maduradas por el estudio y la reflexión, y una exposición honesta de agravios, deben reconocer la propiedad de los artículos originales, y asegurarlos mediante el copyright contra la apropiación por saqueo” (5).

… estas palabras del abogado británico James Paterson en 1880:

Cuando cualquier persona es libre de publicar lo que considere interesante o valioso, ya sea como un modo de procurarse beneficios o como un medio de influir en la mente y la voluntad de sus conciudadanos sobre los asuntos en los que la unión y combinación pueden producir grandes resultados, esta es la marca más alta de libertad” (6).

… el historiador Edward Bloom en 1949:

El reconocimiento de los derechos de propiedad de los autores en virtud de la Ley de Derecho de Autor de 1709 fue un paso muy importante en la liberación de la prensa. La seguridad del copyright ayudó a estimular la iniciativa privada, proporcionando a los autores de libros una forma de independencia financiera. Por lo menos obviando parcialmente la función económica de patrones políticos, la Ley de 1709 ayudó enormemente en la libertad de la prensa” (7).

… la ex Registradora de la Oficina de Copyright Barbara Ringer en 1974:

El concepto de copyright cambió radicalmente como consecuencia de los movimientos políticos revolucionarios de finales de los siglos XVIII y XIX, y las primeras leyes de derecho de autor se basaban en el rechazo a la represión autocrática y el control monopólico y sobre un nuevo reconocimiento de la libertad individual y los derechos humanos de los autores. … La libertad de expresión y la libertad de prensa no tienen sentido a menos que los autores sean capaces de crear de forma independiente sin el control de nadie, y encontrar una manera de poner sus obras ante el público” (8).

… o el estudioso académico del copyright Neil Netanel en 1996:

Por acordar con los autores y sus derechohabientes un derecho de propiedad, el derecho de autor promueve el desarrollo de un sector independiente para la creación y difusión de la expresión original, el sector compuesto por creadores y editores que obtienen apoyo financiero para sus actividades por llegar a un público que paga en lugar de depender del Estado o las élites” (9).

Así que creo que no es exagerado decir que la propiedad de las obras expresivas, construida en el consentimiento, juega un papel vital en el mantenimiento de una cultura libre. La moderna definición de “cultura libre” en el sentido de una “cultura del permiso” -que requiere un debilitamiento regresivo de los derechos de los creadores- es un cambio dramático de las históricamente ampliamente asentadas concepciones de la propiedad y la libertad.

E, irónicamente, consigue lo contrario de lo que pretende abordar. Como el jurista académico Guy Pessach observa en un próximo artículo (sobre el que escribí), una débil protección de los derechos de autor aumenta la concentración de los medios de comunicación y disminuye la diversidad cultural. Además,  Thomas Joo ha argumentado que las normas más permisivas hacia el “remix” también refuerzan la cultura dominante, contrariamente a lo que los proponentes de tales reglas (incluyendo a Lessig) han afirmado.

En un comentario reciente, Lawrence Lessig afirma la necesidad de “aprender cómo la libertad puede vivir en la era digital”. Apenas el mes pasado, el inventor de ethernet Bob Metcalfe dijo: “Internet tiene que lidiar con la propiedad adecuada”. Yo diría que los dos son interdependientes, lo que estará claro una vez que nos pongamos en marcha con una mejor definición de “cultura libre”.

Puedes leer el artículo completo aquí.

Notas:

1. Ver, por ejemplo, The Ethics of Consent, pp. 45-51 (Oxford University Press 2010), citing Thomas Hobbes, Adam Smith, Immanuel Kant, and John Stuart Mill. []

2. Ver, por ejemplo, Lynch v. Household Finance Corp., 405 US 538, 552 (1972),  Noah Webster — who, coincidentally, considered an author’s copyright equivalent to, and deserving of, the same protection as all other species of property ((See Letter to Daniel Webster, Sept. 30, 1826. []

3. The Associated Press v. Meltwater US Holdings, Dist. Court, No. 12 Civ. 1087 (DLC) (SDNY March 21, 2013). []

4. John Dewey, Freedom and Culture, pp. 9-10 (Capricorn Books 1963) (1939). []

5. “Impediments to Knowledge“, The Reasoner No. 17, 264 (1844). []

6. The Liberty of the Press, Speech, and Public Worship, pg 14. (Macmillian 1880). []

7. Edward Bloom, Johnson on a Free Press: A Study in Liberty and Subordination, A Journal of English Literary History (Dec. 1949). []

8. The Demonology of Copyright, R.R. Bowker Memorial Lecture, 1974. []

9. Copyright and a Democratic Civil Society, 106 Yale Law Journal 283, 347 (1996). []

1 comentario

  1. Lunes, 24 de Junio de 2013 | 10:53Pajaros sobre la cabeza

    Tengo una intuición, que cada vez está mas cerca de ser opinión, de que el problema es que se plantea y se legisla este problema desde el ambito de la “propiedad” cuando debería hacerse exclusivamente desde el de la autoría. El autor debe ser remunerado por su trabajo, pero ¿que lógica tiene que por ese mismo trabajo sean remunerados terceras personas o sociedades que han adquirido esa “propiedad” intelectual?

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  • Glosario

    • Autor (sujeto de los derechos de autor). Persona natural que crea alguna obra literaria, artística o científica. Son objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro. La propiedad intelectual de una obra literaria, artística o científica corresponde al autor por el solo hecho de su creación.
    • Bien inmaterial. Las obras protegidas por el derecho de autor son bienes inmateriales, pues la ley las considera independientemente del soporte material sobre el que se hayan plasmado (papel, CD, vinilo, soporte magnético, lienzo, etc.), aunque éste sea muy importante para su difusión y explotación.
    • Copia privada. El conocido como “derecho de copia privada” es en realidad, más que un derecho, la limitación al derecho exclusivo que la ley concede al autor y al propietario de contenidos a hacer copias de ellos. Permite a una persona realizar una copia del original de una obra, al que haya tenido acceso legítimamente, para uso privado sin ánimo de lucro.
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