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Revista de prensa

El País, 28 de junio
Guillermo Altares

"Combate por el futuro del libro"

«España no se ha visto alcanzada todavía por la primera guerra mundial del libro, pero, como afirma un editor alemán que también pidió no ser identificado, “llegará cuando Amazon tenga la fuerza suficiente”. “El precio fijo no nos protege porque no se trata de una guerra de precios, sino de los márgenes que se lleva la editorial o el vendedor. Si dependes tanto de un vendedor, tienes todas las de perder».

30 de junio de 2014

«El enfrentamiento de Amazon con editoriales de Estados Unidos y Alemania es mucho más que un conflicto comercial por los márgenes de beneficios sobre los libros electrónicos. Para muchos profesionales del sector se trata de una guerra cuyo resultado definirá el futuro del libro».

[…]

¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Por qué esta vez es tan importante? La respuesta a esta segunda pregunta tiene que ver con su poder: Amazon ya controla en torno al 60% del mercado del libro en EE UU y cerca del 25% en Alemania. En el caso de los libros electrónicos, en 2010 controlaba casi el 90% del mercado estadounidense, aunque en estos últimos cuatro años Apple se ha convertido en un competidor importante y ha reducido su dominio hasta el 65%. No resulta fácil conocer los detalles de su presencia en el mercado español porque Amazon es una empresa muy secretista: no proporciona datos sobre el número de Kindle, su lector de libros electrónicos, que vende, ni sobre el porcentaje que los libros representan en sus ventas totales, ni sobre la diferencia con sus competidores, ni, en realidad, sobre casi nada. Los datos que está obligada a entregar en EE UU revelan que en todo el mundo sus ventas netas en 2013 fueron de 74.450 millones de dólares, un 22% más que en 2012. El beneficio global fue de 274 millones. En España, Amazon factura a través de Luxemburgo, por lo que no es posible conocer tampoco sus ventas, aunque su filial española, que recoge la facturación de productos desde su centro logístico de San Fernando de Henares, en 2013 aumentó un 65% la cifra de negocio (de 10,56 a 17,46 millones) con respecto al ejercicio anterior. Sólo una pequeña parte de ese porcentaje corresponde a la venta de libros. En todo el mundo, según una investigación de la revista The New Yorker, representan el 7% de sus ventas.

En el mercado del libro electrónico existen dos fórmulas para marcar los precios. La llamada “del agente” consiste en el que el editor fija el precio del libro y se reparte el dinero con el vendedor (70% para la editorial, que paga a su vez al autor; 30% para el vendedor es el porcentaje habitual). El segundo sistema, llamado reseller, funciona en los países sin precio fijo: el editor pacta el precio al que vende el libro y luego el vendedor pone el precio que quiere. Los editores aseguran que la empresa de Jeff Bezos llega a vender el libro perdiendo dinero para ofrecer precios más bajos que la competencia. La guerra comercial actual, siempre según fuentes del sector y la prensa estadounidense y alemana porque un portavoz de Amazon no ha querido hacer comentarios, consiste en que quieren cambiar los porcentajes —según el blog Futurebook, que analiza el mercado del libro en EE UU, su objetivo es llevarse el 50% de cada título— o comprar los títulos al precio más barato posible. Cuando la negociación no responde a sus intereses, entonces la compañía penaliza a las editoriales: los plazos de envío se alargan indefinidamente, el botón para poder encargar un libro por adelantado (muy útil para el vendedor, pero también para el editor, que puede prever mucho mejor sus tiradas) desaparece, los precios se disparan…

Es algo que está ocurriendo desde mayo con la filial estadounidense de Hachette —cuarta empresa del sector en EE UU—; pero también en Alemania con Bonnier Media Group, una compañía sueca que tiene cuatro editoriales, Pipper, Ullstein, Carlsen y Berlin Verlag. También ha saltado al DVD y afecta en la actualidad a Time Warner con el lanzamiento estrella del verano, Lego, la película. Ya había pasado algo similar en 2010 con una distribuidora, Independent Publisher Group, y con Macmillan, pero el impacto fue menor porque entonces el libro electrónico era mucho menos importante.

Las críticas de la prensa estadounidense y alemana fueron contundentes: diarios como The New York Times o Frankfurter Allgemeine Zeitung le han acusado de utilizar prácticas intimidatorias y chantajistas mientras que se recordó en diferentes foros una célebre frase que el libro The everything store. Jeff Bezos and the age of Amazon, del periodista Brad Stone, atribuye al fundador de la compañía: “Tenemos que ver a las editoriales como un guepardo contempla a una gacela enferma”. El escándalo fue tan amplio —entre otros lanzamientos afectó a la última novela de J. K. Rowling, The silkworm, escrita con el seudónimo de Robert Galbraith— que Amazon rompió su tradicional silencio y se pronunció a través de un post en un foro de su página web. Reconocía el motivo del conflicto así como el tipo de represalias, y concluía: “Si necesita cualquiera de los títulos afectados con rapidez, sentimos las molestias y le recomendamos que compre una versión a través de alguno de nuestros socios o a través de cualquiera de nuestros competidores”.

La Comisión Europea, a través del comisario de la Competencia, Joaquín Almunia, se limitó a asegurar en mayo que “estaba tratando de entender lo que ocurría”, mientras que la ministra de Cultura francesa, Aurélie Fillippetti, que nunca se ha mordido la lengua en sus críticas a la compañía de Seattle, fue contundente y llamó a la Comisión a “vigilar las tentaciones de Amazon de abusar de su posición dominante”. “Chantajear a los editores al restringir el acceso del público a los libros de sus catálogos para imponerles condiciones comerciales más duras no es tolerable. El libro no es un producto como cualquier otro”, aseguró. El precio que pagan las editoriales afectadas es enorme. La revista Publishing Perspectives publicó la semana pasada que Hachette vende en el Reino Unido el 78% de sus libros electrónicos a través de Amazon y un 60% en Estados Unidos. Su margen de negociación es, por lo tanto, muy pequeño.

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