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Revista de prensa

El Mundo, 26 de enero de 2011
Arcadi Espada

"Ni en balde ni de balde: primer baldeo"

La ley Sinde y el debate encendido por la actitud de los partidos que, después de humillar al gobierno, acordaron con él un texto muy similar al que había, ha supuesto un importante punto de inflexión […] Ahora solo cabe esperar que el próximo gobierno encare con energía el debate sobre la nueva Ley de Propiedad Intelectual y sea capaz de dotar a los creadores y a su público de un marco legal justo, eficaz y avanzado, que reconozca la formidable alianza entre la tecnología digital y una cultura cuyos contenidos, conviene no olvidarlo, fueron y son producidos por modelos de negocio analógicos.

26 de enero de 2011

Lo más importante de la Ley Sinde está fuera. Dentro hay algunas cuestiones de sentido común como la de organizar instrumentos administrativos y jurídicos en la lucha contra la piratería. España es, probablemente, el país donde la piratería está más extendida y el único que no disponía de estos instrumentos. Hasta uno de esos llamados internautas es capaz de deducir la relación entre los dos asuntos.

La ley tiene también la virtud de adaptar el canon digital a las disposiciones de la sentencia de Padawan, que suena a paraíso fiscal, pero es el nombre de uno de los niveles de iniciación del Jedi y, más terrenalmente, el de una empresa que entabló y ganó su litigio con la Sgae. Es una virtud, la de Padawan, tal vez sobrante; pero en su lado perogrullesco hay algo clave: la supervivencia (adaptada) del canon, cuya desaparición querían algunos como moneda de cambio por la ley Sinde.

Y en la ley hay también ausencias, dicho sea, casi, en sentido psiquiátrico. Una de ellas es la del pueblo. Por el momento, y al contrario que el francés o el británico, nuestro legislador no actuará contra los ciudadanos que se lleven a su ordenador, sin pagarlos, música, películas o textos que estén en venta. La decisión traerá problemas, porque la impunidad del destinatario final de los contenidos es una herramienta que podrán utilizar los proveedores de servicios ilícitos. Si el consumo no está penalizado, sólo se trata de encontrar (¡en cualquier Padawan!) los canales apropiados para burlar la ley.

Pero ya digo que lo más importante está fuera.

La ley Sinde y el debate encendido por la actitud de los partidos que, después de humillar al gobierno, acordaron con él un texto muy similar al que había, ha supuesto un importante punto de inflexión en el debate sobre la propiedad intelectual. Por vez primera, y junto a los fantasmales internautas, han aparecido en escena personas con nombres y apellidos, uno a uno, que han defendido en los periódicos y en la red la Ley, en mayúsculas. Y si digo fantasmales internautas no es tanto por su personalidad como por su actividad. En estos días de mediación entre el fracaso y la aprobación los internautas sólo han sido capaces de vocear y de convocar una manifestación en Madrid que reunió a 35 personas y 35 millones de tweets. No se conoce que de ese magma incierto surgiera una sola propuesta sintácticamente armada. Ni siquiera, por cierto, de la reunión que mantuvieron con Álex de la Iglesia, que los convocó siguiendo el temerario ejemplo anterior de la ministra Sinde. Es natural que de esa convocatoria (como no, twiteada) tampoco surgiera ninguna alternativa. Y lo es, incluso, por razones técnicas: o twiteas o trabajas, y a nuestros muchachos (alguno ya con espolones, por cierto), se les da mejor lo primero.

Ahora solo cabe esperar que el próximo gobierno encare con energía el debate sobre la nueva Ley de Propiedad Intelectual y sea capaz de dotar a los creadores y a su público de un marco legal justo, eficaz y avanzado, que reconozca la formidable alianza entre la tecnología digital y una cultura cuyos contenidos, conviene no olvidarlo, fueron y son producidos por modelos de negocio analógicos. Una nueva ley, sobre todo, que permita consolidar este primer paso tendente a limpiar la marca España de este innoble y ruinoso grafismo adherido de tibias y calaveras.

[Publicado en el diario El Mundo el 26 de enero de 2011]

2 comentarios

  1. viernes, 28 de enero de 2011 | 13:42Jose Luis

    Lo que yo no entiendo es ¿como 35 personas y sus 35 millones de tweets tenian silenciados a los ciudadanos y sus representates políticos? ¿Esos 35 representan eso que llaman populismo cibernético? Veáse: punto 3 http://www.ibercrea.org/noticias/2011/posicion-del-instituto-ibercrea-ante-la-propuesta-de-modificacion-de-la-ley-sinde/ Y otra cosa: ¿los creadores a los que usted se refiere incluyen a los escritores que licencia con copyleft o creative commons, a los músicos que han «creado» las 286.915 canciones que se pueden escuchar en http://www.jamendo.com/es/ libremente o solo a los que aceptan la oficialidad imperante? Lo digo por entendernos sobre ¿qué es un creador? ¿es necesario pasar por los oficinas de las SGAE para ser un creador?

  2. jueves, 24 de febrero de 2011 | 17:48arcu

    A José Luis: Cada cual es muy libre de regalar aquello de lo que es dueño (música, libros, software, patatas, tomates, ordenadores, coches). Pero nadie puede llevarse un coche de un concesionario porque es un robo. Si el concesionario ha regalado un coche a una tele para su promoción, pues bien. Pero generalmente, usted o yo tendremos que pagar por ello si queremos uno. Los del copyleft, del todo respetables, defienden -y practican- el libre movimiento -gratuito- de sus obras, y bien está, pero aquellos que trabajan en música, libros, tomates, y quieren vivir de ello, tienen -también- todo el derecho. Seguramente los del copyleft tienen otros recursos y no les importa, lo cual es muy loable. Pero los autores y creadores que quieran vivir de su trabajo, tienen también derecho a ello: les ampara la ley. Sea a través de SGAE, o de otros medios: también pueden colgar sus obras en la magnífica internet, y esperar que alguien se las baje previo paso por taquilla. Buena suerte.

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