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Opinión

Blog La Mirilla, 6 de enero
Lorenzo Silva

"¿El fin de la librodiversidad?"

» […] De ser exacto lo que diagnostica y vaticina Colin Robinson […], este año los Reyes tienen más diversidad de la que tendrán el que viene, que a su vez será más de la que nos ofrecerá 2015, y así en descenso paulatino hasta que todo sea el mismo cuento contado del mismo modo por el mismo idiota (parafraseando sombríamente a Shakespeare)».

7 de enero de 2014

«El artículo merece la pena leerlo en su integridad, pero en atención a aquellos que no entiendan inglés, me permito extraer, traducir y glosar cinco de sus perlas más contundentes:

1.     “Aliados de antigua raigambre del lector, profesionales que tradicionalmente le han proporcionado orientación a la hora de escoger un libro, están desapareciendo rápidamente”.

[…]

2.     “En la playa desierta que es el espacio del lector contemporáneo de libros, aún pueden hallarse las huellas de un compañero. Esas huellas pertenecen al escritor, que necesita al lector no sólo para pagarle sus emolumentos sino también para darles sentido a sus palabras. Como lo expresó John Cheever: ‘No puedo escribir sin un lector, viene a ser lo mismo que un beso: no puedes dártelo tú solo’”.

[…]

3.     “Pero ese último vecino puede estar también a punto de abandonar la isla. Con anticipos decrecientes, la escritura está más que nunca dominada por gente que no la necesita para ganarse la vida: profesores con plaza en propiedad y celebridades, por ejemplo. Para estos grupos, decorar su currículum o vender su marca es a menudo tan importante como dar satisfacción al lector”.

He aquí una de las consecuencias que eran previsibles de la fiebre de la “cultura libre” y la subsiguiente desvalorización de la creación intelectual. Del fenómeno de las celebridades, por obvio, no es necesario decir más. Pero no deja de venir a la mente cuántos de los paladines de esa “cultura libre”, partidarios dogmáticos del copyleft como única forma decente de crear y compartir lo creado, lanzan ese discurso desde un ventajoso puesto docente garantizado de por vida, para el que es más interesante ir amontonando papers en el currículum que verse retribuido por ellos; máxime teniendo en cuenta el valor, inversamente proporcional a la generosidad con que se difunden, que suelen tener dichos papers. Resulta que querían, y van camino de lograr, quedarse con el trozo gordo del pastel. La pregunta es si el lector de literatura está dispuesto a conformarse sólo con lo que escriba un profesor que desde la tranquilidad satisfecha de su cátedra, y como decía de su odiado Hegel el viejo e impertinente Schopenhauer, se dedica “a rebañar plácidamente el rendimiento del asunto”. Todos los que hemos pasado por la universidad sabemos que hay mentes que en esa tesitura siguen derramando excelencia, pero muchas más que sólo mueven al bostezo.

4.     “Es difícil imaginar que la calidad de los manuscritos de escritores que se han visto forzados a comer menos o escribir más deprisa no sufre deterioro”.

[…]

5.     “En esta encrucijada, la lista intermedia, el laboratorio experimental de la edición, va quedando abandonado”.

[…]

Puedes leer el artículo completo aquí.

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