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Opinión

26 de abril, Día Mundial de la Propiedad Intelectual

Antonio Fernández, presidente de Adepi: "En la creación, la tecnología solo es una herramienta más"

Reproducimos la intervención de Antonio Fernández, presidente de Adepi, en el encuentro Retos y oportunidades de los creadores en el entorno digital, organizado por Casa de América y la OEI con motivo del Día Mundial de la Propiedad Intelectual de 2022.

26 de abril de 2022

 

«Muy buenos días a todos.

En primer lugar, quiero agradecer a Casa de América y a la OEI la organización de este acto y la invitación a participar en el mismo. Es un honor poder intervenir en representación de los autores, artistas, editores y productores agrupados en la asociación Adepi.

El eje de esta jornada son las nuevas formas de creatividad y de difusión de las obras que permiten las tecnologías digitales, y cómo garantizar que la propiedad intelectual las siga protegiendo. Al respecto, haría un par de observaciones generales.

La primera es que la regulación no solo es imprescindible, sino que debe ser más ágil. Desde que se presentaron los primeros trabajos de la directiva de derechos de autor en el mercado único digital hasta su transposición a la legislación española, aún no finalizada, han pasado más de siete años.

Los legisladores locales, nacionales y comunitarios deben asumir que las leyes y normas que regulan la propiedad intelectual deben tramitarse en plazos razonables o cuando entran en vigor ya son obsoletas, y los grandes perjudicados son los creadores, la Cultura y todos los ciudadanos europeos.

La segunda consideración tiene que ver con el rol de motor de la cultura digital que se concede a la tecnología, muchas veces sin la justificación adecuada, cuando en la creación cultural la tecnología es solamente una herramienta más.

Durante los últimos 25 años hemos escuchado en infinidad de ocasiones que la tecnología ha eliminado intermediarios. Y no es riguroso. La realidad es que la tecnología no ha eliminado intermediarios, sino que ha sustituido a algunos intermediarios por otros nuevos, mucho más voraces.

Los grandes desarrollos tecnológicos que no fueron regulados a tiempo arrasaron con sectores enteros en muy poco tiempo. Tecnologías inocuas fueron muy perjudiciales para los creadores por la tormenta perfecta que creó la codicia de las empresas de internet sumada a la lentitud regulatoria.

Hoy, por ejemplo, vamos a hablar de los NFT. Pues bien, como explicó la NBC estadounidense en un reciente reportaje, a principios de enero de este año, un usuario no identificado en OpenSea, una de las plataformas más importantes en el mercado de NFTs, comenzó a poner a la venta decenas de obras de la pintora Aja Trier. Treinta y siete de ellas se vendieron antes de que la artista pudiera convencer a la plataforma de que las retirara.

Si, literalmente, cualquiera puede acuñar y subir un NFT a una plataforma comercial como OpenSea, es inevitable que haya quien “tome prestadas” obras de arte que «encuentre» online y haga exactamente eso.

RJ Palmer, un artista de San Francisco que diseña criaturas y monstruos digitales por encargo para películas y empresas de videojuegos, explica que el envío de solicitudes a plataformas de NFT para que retirasen obras suyas que alguien vendía ilícitamente se convirtió en una rutina que le obligaba a dedicar varias horas al día, hasta que finalmente se ha dado por vencido y resignado a aceptar que no puede evitarlo.

A los creadores les resulta desalentador y deprimente descubrir docenas, o cientos, de usos sin licencia de sus obras en línea, pero ahora descubrir que las obras se venden explícitamente sin permiso es un nivel de depredación totalmente nuevo. OpenSea está valorada en más de 13.000 millones de dólares, lo cual es una locura, pero es asombroso que estas plataformas no se encarguen de validar la procedencia de los NFT que se ofrecen.

Mi intención con estos datos era dar un poco de contexto a las consideraciones teóricas y jurídicas en relación con las nuevas formas de difusión de la cultura. Y señalar que, ante los nuevos intermediarios, que en el entorno digital son todopoderosos, la gestión colectiva de derechos tiene más sentido que nunca.

Porque una de las funciones esenciales de la gestión colectiva es fortalecer a los titulares de derechos de propiedad intelectual que, en la realidad del día a día, tienen siempre la posición más débil en las negociaciones con las empresas cuyo modelo de negocio es la explotación comercial de sus obras.

Muchas gracias».

 

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